Este proyecto surge de la investigación en la línea "diseño para la democracia" realizada en la e[ad] Escuela de Arquitectura y Diseño de la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso a partir del año 2010. Vea la documentación completa en Casiopea o la edición electrónica.
Dentro de una dinámica de conversación, la construcción de personas atraviesa diversas etapas en tiempos no cronológicos y con distintos niveles de intensidad. Todas las experiencias se desarrollan entorno a un contexto espacio-temporal y se dividen en una experiencia intelectual (aprendizaje de signos y relaciones) y en una experiencia práctica (relación de una persona con el medio).
La experiencia personal se origina cuando la experiencia intelectual, heredada y aprendida desde experiencias anteriores, se enfrenta ante un problema dentro de un contexto que incluye las influencias externas y herramientas. La experiencia intelectual genera inconscientemente una imagen metódica que resuelve o lidera la expresión depositada por la persona. El intelecto es la pieza clave que fragmenta el problema y asume la más compleja como una impresión de iconos y símbolos que pasan a ser parte del intelecto.
A partir de nuestra investigación con personas, se definen dos modelos de organización:
Modelo Palomas: (top-down) Solventa la necesidad de cuerpo coordinador y es capaz de enfrentar a la institucionalidad, sin embargo, no satisface la dinámica de diálogo entre bases y su movimiento es coordinado por representantes jerárquicos que consultan con sus representados a través del sufragio. No canaliza la palabra y la acción y termina por desencadenar una disputa interna que cuestiona el grado de participación.
Modelo Estorninos: (bottom-up) Acota su espacio de debate y de acción pero internamente posee mayor coordinación a través de líderes descentralizados y reconocidos por su trabajo empeñado, modo meritocrático. El método deliberativo no es impuesto por una votación y los acuerdos son consensos que integran todas las partes y a todos los miembros. La desencadenación de palabra-acción se torna más evidente y el desarrollo del grupo es autónomo y capaz de re-estructurarse sin procesos burocráticos.
Cada modo de organización interna en una experiencia personal, puede ser fragmentada por dos características de contexto, tema y territorio. Cada uno de estos pilares son ejes de otras experiencias que involucran a una tercera jerarquía, convivenciando de una manera en común y dando pie a la similitud y posterior comunidad.
El contexto sobre el cual se construyen las experiencias personales, posee características temáticas y de territorio que inciden en el criterio de nuevas experiencias y en la proximidad con otras personas. El eje central de cada relación está afectada por una de éstas, y permite la cercanía hacia un horizonte distinto y acotado a características similares. Indirectamente, se construye una comunidad.
Esta comunidad sugerida, inicialmente se genera en los espacios acotados y de menor jerarquía. Cada grupo seduce a sus nuevos integrantes por signos culturales sostenidos en las características temáticas y territoriales a través de un proyecto, muchas veces, de una manera invisible. El grupo en si mismo es el proyecto, y por tanto, existe una mayor cautela al momento de integrar a un nuevo participante. Este proyecto-grupo sigue su configuración gracias al grado de compromiso por parte de los partícipes a medida que asumen con alto compromiso los roles que le son asignados
En este nivel, los espacios personales y colectivos conforman una sola unidad y la asignación de roles no es una sumisión; más bien, existe una coordinación conjunta con los actores líderes. La experiencia gira entorno al proyecto y a subproyectos, y los fenómenos de dialogo y debate se generan por los integrantes. Los roles asumidos nutren una reputación personal que permite la futura apertura a un puesto de liderazgo, influencia ciudadana, incidencia en normas y deberes del grupo y, en última instancia, representante oficial de un quehacer.
La configuración del grupo es mayor y existe alta insidencia en el proyecto. El espacio personal y el colectivo funcionan sincronizadamente y la experiencia se prolonga de manera infinita y no secuencial. Los conceptos reforzados, describen los estados de ésta dinámica social y se aplican herramientas pertinentes que encaminan una voz inicial, hacia un proyecto colaborativo capaz de influenciar otras comunidades. La dinámica del grupo se asemeja a un organismo vivo que muta de manera impredecible según sus impresiones y que influye a los organismos cercanos según sus expresiones.
Se desarrollan herramientas que incentivan la evolución del espacio personal hacia un espacio colectivo a través de la sugerencia y según los antecedentes recopilados en cada estado: